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Sida y Cine GAY Correo electrónico
Artículos | Cine/TV
Escrito por GayComoTu on Miércoles 03 de Febrero de 2010 00:28   


 

 

 

 

 

 

 

En 1991 el filme “Juntos para siempre” (Longtime Companion), dirigido por Norma René, se atrevió a explorar por primera vez el tema del SIDA en relación directa con la población homosexual narrando la crónica de tres parejas gays en la ciudad de Los Ángeles. Diez años después en que apareció el primer artículo en el diario New York Times llamándolo “una forma extraña de cáncer que afecta a los comunidad homosexual”, la industria fílmica abordaba de manera frontal y honesta la verdad sobre los problemas de los gays y la mortal enfermedad.

No fue hasta 1985, siete años antes de “Juntos para siempre” que el SIDA adquirió mayor relevancia en la prensa y cercanía con el cine, cuando el mundo supo de la primera víctima famosa que contrajo el virus: Rock Hudson, la encarnación del héroe norteamericano en la década de los años cincuenta y sesenta en clásicos como “Gigante” y “Sueños de alcoba”. Pero Hudson confesó mucho más en el semi autobiográfico libro escrito por Sara Davidson, el rumor sin confirmar que todo Hollywood sabía: su doble vida homosexual oculta por cerca de treinta años. A partir de este hecho se tornó inevitable la relación sida-gay y causó gran impacto en los medios de comunicación; que movidos por la coyuntura social empezaron a generar una actitud en la opinión pública respecto al SIDA y la comunidad homosexual.

En 1993 el director Roger Spottiswoode trató en And the band played on o En el filo de la duda los inicios de la aparición del SIDA. Ambientada en el verano de 1981 cuando se dieron a conocer las primeras investigaciones, En el filo del duda fue un grato intento de mostrar la vida de un grupo de médicos comisionados por la Organización Mundial de la Salud para detectar los casos bajo la dirección del Dr. Don Francis (un correcto Matthew Modine) el cual viaja hasta el Africa para obtener todo lo que pueda. El entonces no tan conocido y menos mediático Ian McKellen, pre blockbusters hollywoodenses, dio vida a un personaje gay que también es víctima del terrible mal. Al año siguiente en 1994 llegaría Juntos para siempre”, película de bajo presupuesto que necesitó tiempo para hallar un distribuidor porque ninguno quería arriesgarse a obtener pérdidas con un tema considerado aún espinoso, pudo lograr, sin embargo, abrir el camino hacia otros proyectos para el écran. Así llegó “Philadelphia”(1994), ambicioso filme con Tom Hanks y Denzel Washington en los roles protagónicos. Bajo la dirección de Jonathan Demme, la cinta ponía sobre el tapete la discriminación laboral de la que es víctima un abogado yuppie al conocerse que es gay. Éxito de taquilla y de crítica, “Philadelphia” demostró que la industria made in Usa aceptaba colocar al SIDA en un primer plano.

Más intensa, audaz y reveladora, “Las Noches Salvajes”(1994), único largometraje del realizador galo Cyrill Collard, muerto a causa del SIDA, plasmó una perspectiva distinta en el drama de tres seropositivos (uno de ellos el propio Collard) que asumen ser portadores sin culpa y con pasión en sus vidas. Basada en una pieza teatral homónima, “Jeffrey”(1995), del dramaturgo y guionista Paul Rudnick, era una comedia acerca de un gay asustado (Steven Weber), que debido a su terror a contraer el VIH renuncia a tener relaciones sexuales. Con desenfado e ironía la cinta logró considerable triunfo de audiencia. Menos comercial y en tono intimista, “Alive and Kicking”(Vivo y pateando, 1998) de factura británica, sumergía su visión en la casi dispareja unión entre un bailarín extrovertido y un trabajador social de la prevención contra el AIDS.

Latinoamérica también ha aportado lo suyo con Anahí Berneri quien en el 2005 presentó el drama UN AÑO SIN AMOR, la historia de Pablo (Juan Minujín) un joven escritor enfermo de sida, a quien el temor a la muerte lo empuja a escribir su diario. Esas ganas de hallar una cura es la que lo motiva a sentir las ganas de vivir, de no apartarse del mundo y de no sentirse solo. Pablo es un hombre terco y esa terquedad lo empuja a querer vivir el amor a como de lugar y a encontrar a esa media naranja que todavía no conocer por eso hacede todo para buscarlo: desde avisos en el diario hasta recorrer los barrios gay de Buenos Aires. Pero encontrará más de una vez la aventura fácil y a un grupo de tipos sadomasoquistas que lo adentran en la flagelación descubriendo en los golpes y látigos la expiación a sus culpas y temores y al mismo tiempo la fortaleza para seguir viviendo. Interesante cinta de la argentina Berneri que destaca por su crudeza y entrega al narrar un guión apasionado y real.

Tal como vemos no es demasiado extenso el catálogo de las películas sobre el Sida, a comparación de los millones de casos que ha cobrado tan devastador virus a nivel mundial. Lo que en sus inicios fue llamado “el cáncer gay”, “la peste rosa” o “el castigo de los homosexuales” en total ignorancia y discriminación a los gays, con los años confirmó que no distingue sexo, raza ni preferencia sexual e igual puede afectar a cualquiera. En definitiva atrás quedaron los días en que el SIDA en el cine significaba censura o rechazo de parte de los productores, pues tarde o temprano la realidad exigió que este medio se convirtiera en un eficaz vehículo de apertura y aceptación hacia los que la padecen, ocupando por ello un espacio en el sétimo arte, un espacio que aún tiene bastante para crear en el futuro.

 

 

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